Un cigarro, por favor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Entre terrazas, trova, copas y amores.



Esa noche desperté con el corazón tan inquieto que estuve a punto de amarrarlo, soñé que me mataban y no precisamente de amor. Corrí lo más que pude, me escondí, pedí ayuda pero nada servía, quizá el momento de mi muerte era ese y por más que tratara de escapar de él, ni en sueños lo lograría (literalmente).
Volví a acomodar mi cabeza en la almohada y mis latidos regresaron a la normalidad, te pensé unos instantes como queriéndote soñar  y sonó el despertador.

—Estoy viva —exclamé con alivio.

No hubiera querido morir así, sin antes darte los besos que prometí pagar hasta con intereses por todo el tiempo que, a conciencia, dejamos de vernos.

Extrañaba tu cuerpo como de costumbre y veía mi celular para buscar rastros de ti, con suerte te encontraría.

Decidí olvidarme de la muerte y de ti por un instante, cosa que no pasó. ¿No te parece extraño estar conmigo sin que lo sospeches? Deberías salir de mi cabeza algunas veces, no es bueno que pases tanto tiempo dentro dando vueltas.

Viendo al sol ocultarse me di cuenta que me encontraba en el escenario ideal, porque, por si no sabías, me gustan las terrazas, la trova, las copas y tú. Hasta ese punto solo me hacía falta una sola cosa para sentirme totalmente feliz.

Las canciones tristes no me hicieron llorar, no había motivos para hacerlo, a fin de cuentas ya vendría el viernes y tú con él.

Seguí con el plan de divertirme y hablar de todo, mencionándote cada vez que se podía, esperando el siguiente mensaje de texto para leerlo sin poder arrancarme la sonrisa que mis amigos ya habían notado desde el inicio.

Después recibí una llamada, unas flores y un abrazo tuyo aún sin ser viernes.

Escena completa.